Hola! Me llamo Imma. Gracias por pasarte por aquí. Quizás suene algo extraño, pero esta web nace a raíz de una patología en el hombro.

 

En el verano del 2018, dos días antes de salir de viaje hacia la Riviera Maya, con previsión de mucho snorkel y buceo con tiburones ballena, mi hombro izquierdo hizo un sonido horrible, y me atravesó un dolor punzante que me dejó paralizada. Hacía días que me molestaba mucho pero no le di importancia.

Visita al centro de urgencias, con diagnóstico de la médico de guardia, sin pasar por radiología. Tienes una tendinitis horrible, me dijo, no vas a poder hacer nada de deporte en las vacaciones. Y yo pensé: usted no se imagina lo que soy capaz de hacer cuando me sueltan en el agua.

Y con una maleta atiborrada de vestidos, pareos, bikinis y mucha medicación, mi pareja y yo emprendimos viaje.

Aunque la belleza de los lugares hicieron que esos días fueran maravillosos, el dolor durante todas las vacaciones fue insoportable y tuve que tirar de analgésicos a gogó, pero no dejamos de hacer nada… y sí que buceamos con los tiburones ballena, una de las mejores experiencias que he tenido en el mar.

A la vuelta fuimos a urgencias nada más llegar. Entonces sí que me hicieron pruebas. Tenía una calcificación de tamaño considerable en el tendón del supraespinoso.

Y al traumatólogo. Después de marearme a pruebas y de decirme que casi seguro tendría que operarme y «extraer» la calcificación, tuvo la brillante idea de inmovilizar el brazo, cosa que provocó una capsulitis retráctil (hombro congelado), dejando un rango de movimiento de mi brazo izquierdo casi nulo. Vaya, el brazo anclado a mi cuerpo.

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Evidentemente cambié de médico y lo primero que me dijo fue: vas a necesitar rehabilitación; mucha, prolongada, dura y dolorosa rehabilitación, o no vas a despegar el brazo de tu cuerpo. Se me vino un poquito el mundo encima. Y mi natación? En el agua, como habréis imaginado al principio de mi historia, me siento como un pez. Y mis hombros, hasta el momento, eran la parte de mi cuerpo de la que me sentía más orgullosa. Al no poder mover el hombro y tener el brazo «pegado», éste me había quedado como un colgajo, ríete tú de las alas de murciélago, la flacidez cutánea y la falta de tono muscular.

Empecé la rehabilitación y fisioterapia. Nueve meses, sí, lo que dura un embarazo, para volver a tener un 90% de movilidad y no morir torturada en el intento. Además de una baja de cinco meses que llevé bastante mal porque me encantaba mi trabajo y lo echaba mucho de menos.

No podía abrocharme el sujetador, ponerme unos pantalones ajustados, coger algo de lo alto del armario, cocinar como acostumbraba,  ni hacerme una coleta (de hecho me corté el pelo a lo garçon, o pixie, ya no me acuerdo). Y de nadar, obviamente, me tuve que olvidar. Aunque mi tozudez y mis pulmones hicieron que me inventara -o no- un nuevo estilo, el snorkel con aletas y sin tubo en la piscina olímpica del gym y en mi adorado mar mediterráneo. Al menos que las piernas no me quedaran blandengues también.

Iba cuatro días a la semana a rehabilitación y dos días al gym. En un año, mi brazo y mi hombro volvieron a ser casi los de antes.

Pero se ve que mi hombro derecho es muy envidioso. Y vuelta a empezar. Esta vez nada de inmovilización, claro. Nos pusimos manos a la obra en rehabilitación, a tope y con constancia, constancia y más constancia. Alternando gimnasio y fisioterapia.

Entonces llegó el confinamiento por el terrible Covid-19, y se acabó el gym y la rehabilitación. No quiero quejarme, lo mío no es nada comparado con lo que le ha ocurrido a otras personas.

El e-commerce vino al rescate.

No quería perder ni un segundo y que mi hombro se retrajera todavía más, así que, móvil en mano y ordenador en mode on, me lié a realizar compras online de material deportivo y demás: bandas elásticas, un tubo de resistencia de Reebok, una colchoneta, un electroestimulador Beurer EM49, un cinturón tonificador Abs7 de Slendertone con el accesorio tonificador de brazos y , y alguna cosilla más. Leí y me informé antes de comprar y de empezar a utilizarlo todo, no fuera a estropear más lo que ya estaba estropeado.

 

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Y para la piel, que iba a quedarse otra vez flácida y feota, productos de cuidado corporal. De paso que compraba reafirmantes (otra vez a mirar reviews antes de comprar), también fiché y metí en el carro virtual algunos productos para el resto del cuerpo.

 

Cremas y cosmética para el cuidado corporal.

Un día, después de mi sesión de ejercicios en casa para los hombros, le dije a mi pareja: podría hacer un blog sobre productos de cosmética y cuidado corporal que he probado o estoy utilizando, aparatos para rehabilitar y tonificar, material deportivo, ejercicios que me funcionan,… Qué te parece? Le pareció genial y me ha apoyado desde ese día. Es el amor de mi vida y lo quiero un montón.

Así que este blog se llama SalvimaPorque él se llama Salvador. Y yo Imma, ya lo sabes.

Gracias por leerme!

hola

 

Las reviews del apartado MIS FAVORITOS están basadas en opiniones personales de productos que he probado o que utilizo actualmente.

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